¿Es la frontera Domínico – Haitiana tan única como pensamos?


Sebastián Molano

Frontera entre Pedernales y Anse a Pitres.

Frontera entre Pedernales y Anse a Pitres - Foto de Andy Wilson.

Para aquellos que hemos tenido el privilegio de conocer el área que divide geográficamente a la República de Haití y a la República Dominicana, nos embriaga continuamente, la sensación de estar experimentando una realidad diametralmente diferente a la de cualquier otra latitud del globo. Ciertamente, la condición insular de los dos estados, la innegable realidad haitiana y la posibilidad de insertarse en la dinámica fronteriza desde la República Dominicana, contribuyen de manera importante a predeterminar y exacerbar las condiciones sui géneris de dicha frontera. Sin embargo, ¿es realmente la frontera domínico – haitiana tan única como pensamos?.Empero, existe una condición geográfica de la Isla Española o Quisqueya única en el mundo que hace de este rincón del Caribe un lugar muy especial: contiene en sus 76,480km² dos estados nación con culturas, lenguajes y manifestaciones sociales muy diferentes. Esta peculiaridad hace que la interacción y el intercambio entre estos dos grupos sea muy enriquecedor, retroalimentándose continuamente sin perder su carácter individual. La Interculturalidad fruto del intercambio, se huele, se siente y se palpa en la Isla.

Debido a su carácter insular, su vista se ha tornado hacia el exterior, ignorando la frontera física que en 391km demarca la división geográfica de los dos estados. Esta tendencia no es propia de la historia moderna de los estados, ha sido una de las características imperantes durante su historia común.

Ubicados en este contexto, la frontera se presenta con un alto grado de asimetría. La realidad de Haití, catalogada incesablemente como el país más pobre del hemisferio, contrasta de manera violenta con la realidad de las comunidades fronterizas dominicanas. Esto se da, a tal punto, que nos hace olvidar que dichas regiones son las más pobres de la República Dominicana. A pesar de esto, las comunidades fronterizas haitianas no son objeto del mayor embate de la pobreza, la dinámica comercial transfronteriza permite que del lado haitiano, la frontera sea vista como la puerta de ingreso a un conjunto de opciones que en otros lugares del país son, impensables.

Las comunidades del lado haitiano de la frontera tiene una población 4 veces mayor a las dominicanas, esto se explica debido a las oportunidades económicas (formales e informales) que se presentan gracias al comercio (del cual estaremos hablando en el próximo post). El lado dominicano sufre un continuo desplazamiento de población hacia los centros urbanos más importantes, debido a la escasa posibilidad de acceso a educación superior y puestos de trabajo bien remunerados. La frontera, tiene como característica común una situación de desinterés continuo de parte de ambos países. Algunas voces se alzan bajo la consigna de que es en la frontera donde empieza y termina la patria, aunque con las realidades que se pueden captar, es inevitable preguntarse si en estos lugares efectivamente ha llegado, la patria.

La posibilidad de insertarse en la dinámica fronteriza desde la República Dominicana hace que la visión de la misma venga cargada con un sesgo difícil de ignorar: un acervo de conocimientos basado en una cara de la moneda, con una construcción socio-histórica que ha acuñado frases cotidianamente usadas y que cargan en su esencia un contenido de reafirmación interesante: “los de que lado” ( el cual se aplica a varios contextos), “y tu, ¿qué vas a buscar a la frontera? Allá no hay nada”, “Esto es una invasión pacífica” o una de mis favoritas, la referente a las preferencias gastronómicas del vecino, “dique, los haitianos comen niños”.

Adicionalmente a esto, la capacidad de entender (aunque tome algún tiempo comprender) el lenguaje de uno de los lados de la frontera, impide compenetrarse del mismo modo con la contraparte, restringen rápidamente nuestra capacidad de asimilar una situación de manera objetiva y se inicia un proceso de valoración que está más ligado a la experiencia, valores y visión de quien observa y no de lo que realmente sucede.

Dicho esto, en la frontera entre estos dos países se evidencian un conjunto de situaciones como consecuencia de las realidades anteriormente descritas: altas tasas de migración del país con menos desarrollo al país donde se ofrecen más oportunidades; altos costos de transacción por la informalidad; corrupción; problemas de salud pública, acceso y uso de las instalaciones médicas, inclusión al sistema educativo de migrantes indocumentados ; proliferación del tráfico de personas y armas, entre otros. En reciente visita, el Ex-presidente estadounidense, Jimmy Carter aseveró que es imposible detener la migración haitiana en República Dominicana durante una su visita a  Dajabón y Ounaminthe, lo que generó no pocas reacciones en contra y a favor.

Esta frontera, es un micro cosmos de los desafíos que en términos de desarrollo se presentan a lo largo y ancho de las fronteras en el mundo. Algunas con un mayor grado de complejidad que otras pero con un factor común: la interacción de personas bajo escenarios asimétricos en búsqueda de mejores condiciones de vida.

Debido a su carácter insular, la tendencia a pensar que la isla es el mundo, ha conllevado a que se le dé un carácter único y especial a su relación fronteriza y a la frontera. Se ha tendido a construir un manto de misterio y misticismo sobre aquella negra nación que se levanta allende los límites de la patria. Igualmente, se ha tendido a vilipendiar y tratar de manera injusta al  país que acoge a miles de haitianos y en donde los ataques y maltratos que se propugnan a viva voz entre unos y otros no son  la constante, ignorando de plano y desconociendo la manera en que dominicanos y haitianos cofraternizan, comparten y se enriquecen mutuamente.

Muchos de los lugares comunes distan de manera importante del día a día de las relaciones entre dominicanos y haitianos. Más aún en la frontera, esa franja territorial donde la cordialidad y la solidaridad son la regla y no la excepción. A pesar de esto son muchos quienes reafirmar que dentro de la condición sui géneris de la frontera, este tipo de actitudes no hacen parte de la realidad, vendiendo una imagen al mundo que no corresponde a la realidad, generando una falsa percepción como consecuencia de discursos elucubrados y poco comprensivos de su compleja y fascinante realidad fronteriza.

El contexto descrito anteriormente se puede aplicar a la gran mayoría de las fronteras internacionales, donde lo que varía  es el grado de asimetría y la complejidad de los problemas. Los  centros de poder relegan a sus fronteras, dirigiendo su atención a las ciudades principales y sólo recordando los confines del estado para hacerse de los beneficios que éstos les pueden reportar, como consecuencia de la debilidad institucional, la informalidad y el caos.

Ante este panorama, una vista de otra realidad nos puede dar nuevas respuestas y ofrecer elementos adicionales para repensar la manera en que interactuamos y construimos nuestra frontera.

Con esta intención, hemos realizado este pequeño reporte en video sobre La frontera entre Estados Unidos y México, una región que ejemplifica la situación que se presenta entre dos países con realidades diferentes que comparten un lazo de unión inseparable: su frontera.

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  1. #1 by dilenis on 2/Sep/2012

    ayuden a los haitiano ok

(No será publicado)

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