Camilo Avendano, Voluntario en Pedernales.
Hoy no es un día común, no es un día de tantos. Son las tres de la madrugada y ahí estoy yo posado sobre mi almohada, con los sentidos aturdidos y un poco de cansancio. Sin embargo, esto no me impide retomar las fuerzas suficientes para levantarme de la cama, hoy estoy empeñado en tomar el rol de pescador y para esto me embarcaré literalmente en una yola (pequeño bote), para surcar los mares que unen Haití y República Dominicana, en busca de grandes peces y un alimento necesario para la familia de cada pescador.
La jornada empieza muy temprano para mi, pero para mis compañeros de pesca es la jornada habitual, no es nada temprano es simplemente el momento de empezar su día como cualquier otro trabajador. Arreglan sus herramientas, sus arpones, los motores de las yolas, un buen almuerzo y empieza la travesía.
Lo más cautivante es observar el rostro curioso de cada navegante, rostros a la expectativa, pareciera que estuvieran también en su primer día de pesca. Entre risas y bromas comprendí luego que realmente la pesca es para ellos su distracción, su modo de relajarse en este hermoso mar de color azul oscuro.
Revelé ante estos hombres humildes, que la profesión de pescador es una profesión admirable, una profesión que representa la vida en todas sus magnitudes. Se lucha fuertemente para lograr obtener los mejores peces, se tiene paciencia para llegar al final de la jornada sin echar de menos los peces perdidos, se danza en un son inigualable con el pez más grande sin saber quien será el ganador de esta hermosa pieza de baile. Y al final de la jornada, se observa alrededor y aunque sabemos el lugar a donde llegar (como en la vida), nos dejamos llevar por un instante a la deriva, sabiendo que de todas formas llegaremos a la playa de donde hemos partido.







#1 by alice on 3/Nov/2009
que bien poder saber de tus experiencias… que sigues descubriendo muchas cosas.