Sebastián Molano
En 60 segundos, la realidad de uno de los países con mayor preponderancia en la historia latinoamericana, golpeada continuamente por desastres naturales y con una fascinante e intrigante cultura, cambió drásticamente su rumbo. El 12 de enero, el reloj de la historia se detuvo para Haití a las 4:53 p.m. Un terremoto de grandes magnitudes devastó su capital Puerto Príncipe y la parte sur del país. Se estima que fallecieron 250,000 personas, hay más de un millón sin hogar y alrededor de dos millones que requieren de atención alimentaria inmediata.
Las dantescas imágenes alrededor de Champs Mars, uno de los lugares emblemáticos de la ciudad, daban una visión sobre las dimensiones del problema. Rápidamente se formaban los primeros asentamientos humanos en las zonas despejadas disponibles. La ayuda del exterior empezó a fluir con rapidez aunque la carencia de mecanismos de coordinación entre las autoridades gubernamentales (fuertemente afectadas e institucionalmente débiles), la falencia de las comunicaciones, la precariedad de la infraestructura y la incapacidad de articulación de las agencias de cooperación internacional contribuyeron al caos.
Una de las zonas que fue afectada de manera importante fue la ciudad de Jacmel, ubicada en la parte sur del país y capital cultural de Haití. Históricamente acogió a Simón Bolívar luego de que Alexander Pétion, le diera la mano en un momento crítico para el libertador. Bolívar se comprometió a abolir la esclavitud en sus campañas libertadoras. En su historia reciente, se ha caracterizado por recibir turistas en sus hermosas playas y ser hogar de uno de los festivales de tambores más famosos del Caribe.
La concentración de la acciones hacia Puerto Príncipe tuvo como consecuencia que no se prestara ayuda rápida hacia otras zonas del país. La comunidad fronteriza de Pedernales realizó un viaje exploratorio a Jacmel por tierra (8-9 horas), para identificar la situación. Los resultados fueron concluyentes: la población de Jacmel estaba gravemente afectada y no habían sino beneficiados con ninguna de las ayudas internacionales. Este llamado de alerta fue la punta de lanza para iniciar una operación de respuesta inmediata hacia esta zona de Haití.
En trabajo mancomunado con la oficina del Gobernador de Pedernales, La Marina Dominicana, Defensa Civil, Cruz Roja, PADF, Plan Internacional y Asamblea de Cooperación para la Paz, se creó un puente marítimo para el envío de ayuda desde el puerto de Cabo Rojo en Pedernales hacia Jacmel. A pesar de los grandes esfuerzos de sus voluntarios y personal, la falta de coordinación y logística antes las dimensiones de la situación, hacían muy complejas las acciones para dar respuesta. Las dimensiones del desastre acaecido en Haití , sumado a las deficiencias estruturales existentes y la devastación superó cualquier capacidad instalada. Esto generó como consecuencia que luego de la conmoción y el pánico causados producto del terremoto, la respuesta estuviera más orientada a responder de manera pronto que a realizarlo bajo los mecanismo que usualmente se hubieran utilizado ante un desastre natural de menores dimensiones.
Las cargas eran enviadas en camiones hacia Pedernales, tomando alrededor de 8 horas en arribar. Posteriormente, eran cargadas en un barco de la marina por parte de voluntarios de Defensa Civil y la Marina dominicana en difíciles condiciones: 35 grados de temperatura, sin equipo de protección y ante la inclemencia del tiempo. Adicionalmente, Cabo Rojo es un puerto cercano a una mina de bauxita, razón por la cual un polvo rojizo rodea el ambiente constantemente, haciendo aún más compleja la tarea. Luego de que los barcos de capacidad para 30,50 y 80 toneladas eran cargados, iniciaban el camino hacia Jacmel. La llegada de donaciones de diferentes organizaciones no estaba coordinada, razón por la cual, no se sabía a ciencia cierta cuándo saldría la embarcación o cuándo serían enviadas las cargas. Los voluntarios permanecían horas trabajando sin agua o alimentación.
Los barcos podían tardar entre 4 a 8 horas en llegar a Jacmel. A su llegada, cada organización estaba a la espera de la recepción de su carga. Haitianos apostados a las afueras del puerto trabajaban por algunos gourdes o alimentos para ayudar a la descargar. Los caminos se dirigían luego a las bodegas del Programa Mundial de Alimentos, donde se guardaban las donaciones a la espera de su distribución.
A pesar de que las bodegas estuviesen abarrotadas, la entrega a los damnificados no era posible. La primera barrera que se presentaba era la incapacidad de tener una estructura de reparto claramente definida. Muchos de los trabajadores de ONG’s locales se encontraban sin casa, buscando a sus familiares o fuertemente afectados por la catástrofe. La capacidad de operación de muchas organizaciones con voluntarios sin conocimiento del contexto y del idioma no contribuía a este esfuerzo a pesar de las buenas intenciones.
La segunda barrera que se enfrentaba en la distribución se daba por la imposibilidad de definir quién debía recibir la ayuda. En términos de atención y respuesta a desastres, las personas que han sido damnificadas deben ser llevadas como mínimo, mediante la respuesta, a una situación igual a la que se encontraban antes del acaecimiento del desastre.
En un país donde 80% de la población es analfabeta, 90% de la población es pobre y la mitad de 10 millones de habitantes viven en la miseria (bajo estándares de ingreso por día del Banco Mundial), ¿Quién debe beneficiarse de la ayuda internacional?, ¿Cuáles son los criterios para determinar quién recibe una lata de atún, una carpa o un galón de agua? Ante tal situación de pobreza, la decisión de muchas organizaciones internacionales había sido postergar la entrega de ayuda por unos días, realizar entregas puntuales y esporádicas o arrojarla desde aviones. Casi tres semanas luego del terremoto, iniciaron la entrega de ayuda por medio de las mujeres, como mecanismo para garantizar mayor impacto en el uso de las donaciones.
PADF está trabajando arduamente en diferentes zonas de Haití. Nuestro director, Dan O’Neil se encuentra en Puerto Príncipe liderando los esfuerzos de respuesta y a la cabeza de la diezmada oficina en el país. El equipo de República Dominicana se encuentra trabajando 24/7 en la movilización de donaciones. Debido a la situación presentada en Jacmel, me fue encomendada la tarea de realizar una visita de observación y valoración sobre el funcionamiento de la logística y las dimensiones del impacto en Jacmel.
Así, empaqué mi maleta y luego de 6 horas llegué a Pedernales. Junto a Camilo Avendaño, nuestra mano derecha en la zona, nos dirigimos al Puerto de Cabo Rojo. Cajas sin marcar pasaban de mano en mano, en una cadena humana hacia el interior del barco. El calor insoportable y la bauxita se empezaban a apoderarse de los espacios poco a poco. Son las 11 de la mañana y esperamos que este barco este cargado para zarpar hacia Jacmel. Puede tardar 3 o 4 horas, o tal vez 45 minutos, nadie lo sabe. Ante la rigurosidad del las 8 horas de viaje que nos esperan, decidimos regresar a Pedernales a comprar agua. Arribando nuevamente al puerto, nuestras preocupaciones se habían materializado, el barco había partido hace 15 minutos. Tendríamos que esperar un día más por Jacmel.








#1 by Stephanie Ontiveros on 18/Feb/2010
No sé si PADF tenga contactos con CROSE- La Coordination Régionale des Organisations du Sud’ Est .. Ellos trabajan en el sudeste haitiano desde 1996 para coordinar la acción de las organizaciones de base en aras del desarrollo de la región. Ellos están coordinando ahora la entrega de ayudas en Jacmel y están de lleno metidos en realizar los diagnósticos de la catastrofe en la zona sur .. El correo electrónico es crose.jacmel.haiti@gmail.com
#2 by Sebastián Molano on 18/Feb/2010
Gracias Sthepanie. Tenemos contactos con ellos y hacemos parte del comite de ayuda en Jacmel. Seguimos trabajando en todos los frentes para mejorar de manera sostenible la difícil situación de Haití.